Entradas

Mostrando entradas de julio, 2025

La Erosión Cósmica 2: El Sermón de la Entropía

Imagen
  Mi mundo ya no era el observatorio. Mi mundo se había encogido al tamaño de una cifra: setecientos dieciocho días. El conocimiento de la aniquilación inminente no es una carga, es un tumor. Un cáncer en la conciencia que hace metástasis en cada pensamiento, que convierte cada amanecer en una cuenta atrás y cada atardecer en un recordatorio de que el tiempo se agota. La certeza del fin no te libera; te encadena a un calendario de verdugo. Ben y yo nos movíamos por la sala de control, antes un santuario de lógica y descubrimiento, ahora la capilla ardiente de un universo entero. El mapa tridimensional de la Erosión seguía en la pantalla principal, una esfera de negrura perfecta que crecía en nuestras simulaciones, un dios oscuro y silencioso al que ahora rendíamos un culto de terror y fascinación. Ya no hablábamos del tiempo. Hablábamos de lo que quedaba de él.

La Erosión Cósmica 1: La Mancha en el Ojo de Dios

Imagen
Hay una mentira piadosa que los poetas venden sobre el cielo nocturno. Lo llaman un manto de tercielo, un lienzo de diamantes. Pura mierda. El cielo, visto desde la cima del mundo, desde el vientre del desierto de Atacama, no es un manto. Es un abismo. Un océano de negrura tan profundo y absoluto que amenaza con tragarte entero si lo miras durante demasiado tiempo. No inspira asombro. Inspira un vértigo primordial, el terror instintivo de la mota de polvo que se da cuenta de su propia e insignificante existencia.

El Código de la Extinción

Imagen
La muerte en la Neo-Kyoto del 2142 tenía un sabor a ironía. Vivíamos en una ciudad donde cada pensamiento podía ser monitorizado, cada latido registrado, cada recuerdo almacenado en la nube. Y, sin embargo, la gente seguía muriendo de la forma más antigua y solitaria posible. Aunque ahora, el arma del crimen no era un cuchillo en un callejón oscuro, sino una idea. Una idea con forma de código.

La Ciudad de los Ojos Vacíos

Imagen
El Berlín de 1946 no era una ciudad. Era el cadáver de una ciudad. Un esqueleto de edificios destripados que arañaban un cielo del color de la ceniza. El aire olía a ladrillo pulverizado, a humedad y a la podredumbre agridulce de un millón de sueños quemados. Yo, Hans, regresé a este infierno no como el soldado que se fue, sino como un fantasma buscando a otros fantasmas. Volví a mi barrio, a mi calle, esperando encontrar, entre los escombros, los restos de la vida que me habían arrancado. Encontré algo mucho peor.

El Último Encierro de San Fermín | Un Relato de Fantasía y Horror Folclórico

Imagen
Hay dos tipos de miedo en la calle Estafeta a las ocho de la mañana. Está el miedo limpio, eléctrico, de los guiris y los novatos. Un miedo de adrenalina, una emoción de parque temático con cuernos reales. Y luego está el nuestro. El miedo de los veteranos. Un miedo sucio, pesado, un respeto reverencial a la tonelada de músculo y furia que te puede reventar el alma contra los adoquines. Llevaba treinta años corriendo, desde que era un mocoso con más cojones que cabeza. Me llamo Iñaki. Y creía conocer todas las caras del miedo. Hasta que conocí al Toro de la Mala Luna.

El Culto del Cuerpo Vacío | Un Relato de Terror y Ciencia Ficción

Imagen
La primera vez que oí hablar del Culto del Anfitrión Vacío fue en una morgue. Siempre es en las morgues donde las verdades más feas de la ciudad deciden quitarse el maquillaje. El cuerpo sobre la plancha de acero pertenecía a una chica llamada Lidia. Veintidós años. Estudiante de arte. Había desaparecido durante una semana. Hacía dos días, había vuelto a su apartamento como si nada. Y hacía doce horas, sus vecinos la habían oído gritar. Un único y largo grito que terminó con el sonido de algo pesado golpeando el suelo.

El Silencio de los Campanarios de Teruel | Un Thriller de Horror

Imagen
Hay ciudades que guardan sus secretos bajo tierra, en catacumbas y osarios. Teruel los exhibe a plena luz del día. Los grita al cielo a través de sus torres mudéjares, esos gigantes de ladrillo y cerámica vidriada que se alzan como los dedos artríticos de un santo olvidado. Son el orgullo de la ciudad, un testamento de la convivencia de culturas. Pero toda convivencia deja cicatrices, y hay silencios que, cuando se rompen, no traen la gloria de Dios, sino el eco de una antigua y metódica locura.

Saga Completa: La Sombra que Sabe mi Nombre

Imagen
El viaje ha terminado. La historia completa de Damián Ferrer, la Unidad 734, ya puede ser contada. Aquí he reunido los seis capítulos que componen la saga "La Sombra que Sabe mi Nombre". Un descenso a los abismos de una mente controlada, una lucha desesperada por la identidad en un mundo de neón y conspiraciones, y la crónica de un hombre que se enfrentó a los fantasmas de su propio cráneo. Para los que llegan nuevos, esta es vuestra puerta de entrada. Para los que habéis seguido el viaje semana a semana, este es el archivo de la pesadilla. Gracias por caminar junto a Damián en la oscuridad.

La Sombra que Sabe mi Nombre | Capítulo 6: El Eco de la Libertad (Final)

Imagen
La oscuridad no era un vacío. Era un océano denso y cálido, sin principio ni fin. Floté en él durante una eternidad, desprovisto de cuerpo, de nombre, de dolor. Era una forma de paz, la paz definitiva del borrado absoluto. Pero en las profundidades de esa nada, un eco persistía. El recuerdo de una luz blanca, de un dolor cósmico, de una conexión que lo era todo. Y lentamente, muy lentamente, ese eco comenzó a tirar de mí hacia la superficie.