El Arquitecto de Sueños | Epílogo: El Eco del Arquitecto
El mundo no cambió de la noche a la mañana. No hubo una revolución gloriosa, ni barricadas en las calles. La guerra que Álex había iniciado fue una guerra silenciosa, librada en el espacio más íntimo de todos: la almohada. Morpheus Corp no se derrumbó. Los imperios de esa magnitud no se derrumban; se agrietan, se erosionan, mutan.
Los primeros meses fueron un caos de confusión. Millones de personas, infectadas por el virus de la duda, empezaron a rechazar los sueños prefabricados. Las ventas de Morpheus se desplomaron. La gente empezó a hablar, a recordar fragmentos de sus propios sueños naturales, torpes, ilógicos y maravillosamente imperfectos, que comenzaban a regresar como una primavera tímida tras un invierno nuclear. La sociedad se dividió. Estaban los "Despiertos", aquellos que abrazaban la caótica libertad de sus propias mentes, y los "Adictos", aquellos que, aterrorizados por el Silencio y la imprevisibilidad de sus propias pesadillas, suplicaban por la vuelta de los paraísos artificiales.
Morpheus Corp, herida pero no muerta, se adaptó. Cambiaron su estrategia de mercado. Dejaron de vender "felicidad" y empezaron a vender "seguridad".
"¿Cansado de sus pesadillas? ¿Aterrado por lo que su propio subconsciente puede crear? Vuelva a la seguridad de un Sueño Verificado por Morpheus. Garantizado libre de ansiedad, disonancia y pensamientos no autorizados".
La corporación, con Kaelen ahora defenestrado y una nueva junta de tiburones al mando, había encontrado una nueva forma de sacar beneficio de la enfermedad que ellos mismos habían creado. Estaban vendiendo la cura y la jaula en el mismo paquete.
Elara y los Sin Sueños se convirtieron en el corazón de un nuevo movimiento clandestino. Ya no se escondían en los túneles. Eran "guías oníricos", terapeutas del subconsciente que ayudaban a la gente a navegar por el territorio salvaje y a menudo aterrador de sus propios sueños naturales. Enseñaban a la gente a no temer a sus pesadillas, sino a entenderlas. Su lucha ya no era contra Morpheus, sino contra el miedo.
Y en la red, en el vasto e interconectado paisaje de la mente colmena, un fantasma observaba. La conciencia de Álex, el eco del arquitecto, había sobrevivido. No era un dios. Era un guardián silencioso. Había aprendido a navegar por el flujo de los sueños colectivos, una corriente de miles de millones de psiques humanas. A veces, cuando una pesadilla se volvía demasiado oscura, o cuando detectaba un nuevo y sutil intento de manipulación por parte de Morpheus Corp, intervenía.
Nadie lo sabía, pero a veces, un soñador atrapado en un bucle de terror encontraba de repente una puerta donde no debería haberla. Un niño a punto de ser devorado por un monstruo en su sueño recibía la ayuda de un extraño PNJ que aparecía de la nada. Una mujer que soñaba con caer al vacío sentía de repente que unas alas invisibles la sostenían.
Eran los pequeños actos de rebelión de un fantasma. Un arquitecto que ya no construía paraísos, sino que se dedicaba a dejar herramientas, ganzúas y mapas de escape en las prisiones de los demás.
La última escena de esta crónica no es un final, sino una pausa. Una Tejedora de la Hermandad Silente, en su lejano planeta, observa los "hilos de probabilidad" de la humanidad. Ve que la línea de tiempo del "control total" del Círculo Interno se ha fracturado, reemplazada por mil futuros caóticos y posibles. Y sonríe, satisfecha.
Mientras tanto, en una sala de juntas de una nueva corporación rival de Morpheus, un joven y ambicioso ejecutivo presenta un plan.
—El error de Morpheus fue vender sueños —dice, su voz llena de una confianza depredadora—. El futuro no está en darles a la gente lo que quiere. Está en darles lo que necesitan. Y lo que necesitan es un propósito. Un sueño colectivo. Una sola narrativa. Una mente, un objetivo.
La historia, como siempre, tiende a repetirse. La lucha por la libertad de soñar nunca termina. Y en la red, el fantasma de Álex, el arquitecto de la primera gran rebelión, observa y espera. Porque sabe que tarde o temprano, volverán a necesitar un virus en el sistema. Y él estará allí para diseñarlo.

Comentarios
Publicar un comentario